Las Grietas de Lanzarote, cómo llegar, dónde aparcar y consejos para la visita
Si estás pensando en visitar Las Grietas de Lanzarote, te adelanto algo: merece la pena. No es una excursión larga ni un lugar enorme, pero sí una de esas paradas que sorprenden más cuando estás dentro que cuando las ves por primera vez desde fuera.
En mi caso, al ser de la isla, Las Grietas me sorpren cada vez que las visito, porque al verlas desde fuera no imaginas lo curioso que es caminar por dentro. Lo mejor no es solo la foto típica, sino caminar entre las fisuras volcánicas, ver los tonos de la roca y sentir que, en apenas unos minutos, has llegado a un rincón muy distinto a otros de la isla.
Guía rápida si quieres visitar estos cañones
- Están junto a la LZ-35, entre Tías y San Bartolomé
- La visita es libre y gratuita
- Se llega dejando el coche en una explanada de tierra
- Desde el parking hay que caminar muy pocos minutos
- Lo mejor es ir a primera hora o a última hora
- Conviene llevar calzado cerrado, agua y algo de cuidado al pisar
Qué son Las Grietas de Lanzarote
Las Grietas son varias fisuras volcánicas abiertas en la ladera de Montaña Blanca. Es un lugar muy llamativo porque, en poco espacio, puedes ver paredes estrechas, capas de roca de distintos tonos y formas que no esperas encontrar tan accesibles.
Se entienden como formaciones de origen volcánico, creadas por la fractura de la lava al enfriarse y modeladas después por la erosión y el paso del tiempo. Más allá de la explicación geológica, lo importante para el visitante es que puedes recorrerlas a pie en una visita corta y bastante visual.
En mi opinión es una vistita muy recomendable porque no te roba medio día y, aun así, te deja sensación de haber visto algo diferente.
Dónde están exactamente
Las Grietas están en la zona de Montaña Blanca, junto a la carretera LZ-35, entre Tías y San Bartolomé. Si vas en coche por esta parte de la isla, es un sitio fácil de encajar en ruta.
Quédate con esta idea: no es una visita urbana ni un espacio acondicionado como otros puntos turísticos. Llegas por carretera, aparcas en una explanada de tierra y haces un pequeño tramo a pie hasta entrar en la zona de las grietas.
Cómo llegar a Las Grietas de Lanzarote
La forma más cómoda de llegar es en coche. El acceso se hace desde la LZ-35 y, una vez localizas la explanada donde suele aparcar la gente, solo queda caminar unos minutos por una pista de tierra.
Cuando llegas puedes ver que el aparcamiento no es el típico parking señalizado, así que conviene entrar con cuidado y fijarse bien en por dónde acceden los demás coches. No es complicado, pero tampoco es el clásico punto turístico perfectamente marcado.
Consejo para llegar de una forma sencilla
- Ve por la LZ-35
- Localiza la explanada de tierra donde suele haber coches
- Aparca con calma
- Si tienes que cruzar, mejor usar el túnel que verás nada más llegar
- Camina unos minutos hasta las grietas
- Ve despacio al acercarte, para reconocer la entrada
Dónde aparcar
El parking de Las Grietas no es un aparcamiento asfaltado ni especialmente formalizado. Lo normal es dejar el coche en una explanada de tierra junto a la carretera.
En las experiencias que me pasaste se repite bastante lo mismo: encontrar el sitio no es difícil, pero la entrada y la salida del aparcamiento pueden ser la parte más incómoda de la visita. Por eso, yo reduciría velocidad al acercarme, miraría bien la zona y evitaría maniobras rápidas.
- No esperes un parking oficial como el de un centro turístico
- La entrada y la salida requieren precaución
- Mejor no improvisar maniobras bruscas
- Si toca cruzar, mejor usar el paso inferior
- A primera hora suele ser todo más cómodo

Qué ver en Las Grietas
La visita gira alrededor de varias grietas, aunque la más profunda suele ser la que más impresiona. También hay otras fisuras y pasillos estrechos que hacen que el conjunto parezca casi un pequeño laberinto volcánico.
Lo más llamativo no es solo la forma de las grietas, sino los colores y las capas de la roca cuando te metes dentro. Desde fuera llaman la atención, pero es al entrar cuando el lugar gana de verdad. Es una de esas visitas que funcionan bien porque, en poco tiempo, te dan una sensación bastante intensa de paisaje volcánico.
Una parada corta, muy fotogénica y distinta a la típica visita de mirador de Guinate. Aquí la gracia está en caminar entre la roca, mirar los estratos y disfrutar el contraste de luces y sombras dentro de las grietas.
Cuánto se tarda en ver todo el recorrido
Si solo quieres bajar, entrar en la grieta principal, hacer unas fotos y volver al coche, puedes resolver la visita en 10 o 15 minutos. Si te apetece recorrer varias grietas con más calma, hacer fotos y moverte un poco por la zona, lo normal es dedicarle 30 o 45 minutos.
Lo mejor es ir con idea de una visita corta pero flexible, porque puedes verlo rápido o alargarla un poco más si te apetece. Esa es precisamente una de sus ventajas: no exige mucho tiempo, pero tampoco da sensación de parada absurda.

No necesitas mucho tiempo, pero tampoco conviene ir con prisa. Si te gusta parar, mirar y sacar fotos, se disfruta más.
Mejor hora para visitarlas
La mejor opción suele ser primera hora de la mañana o última hora de la tarde. Así evitas parte del calor, suele haber menos gente y la luz acompaña mucho más.
Yo suelo ir a primera hora, ayuda bastante, no solo por la luz, sino también porque se disfruta con más calma. A mediodía se puede ir, claro, pero no me parece la mejor franja si quieres caminar cómodo o evitar un ambiente más masificado. Si puedes elegir, ve temprano. Y si no, intenta evitar las horas centrales del día, sobre todo cuando aprieta el sol.
Precio, horario y acceso
Las Grietas son un espacio de acceso libre y gratuito. No hay entrada, no hace falta reservar y no necesitas comprar boletos.
En cuanto al horario, lo más sensato es decir que no tienen un horario turístico cerrado, pero eso no significa que compense ir a cualquier hora. Lo recomendable es visitarlas con buena luz y evitar los momentos de más calor, tanto por comodidad como por seguridad.
Lo que más me gustó es que es una visita libre, gratuita y sencilla, pero precisamente por eso conviene ir con un poco de sentido común. Aquí no hay taquilla, ni personal controlando el acceso, ni una infraestructura pensada para guiarte.

Las Grietas no son una ruta difícil, pero sí un entorno natural sin acondicionar. Hay suelo suelto, arenilla, zonas estrechas y partes donde conviene mirar bien dónde apoyas el pie.
Merece la pena llevar calzado cerrado, porque hay tramos con arenilla y alguna pisada puede resbalar. También me parece buena idea llevar agua, sobre todo si hace calor, porque la zona está bastante expuesta al sol.
Yo tendría precaución al apoyarme en las paredes o al subir por algunas zonas, porque no deja de ser un espacio natural.
Visitar Las Grietas con niños
Sí, se puede visitar con niños, pero con sentido común. El acceso desde el parking es corto, así que como parada rápida puede encajar bien en familia.
Si vas con niños, mi sensación es que se puede hacer, pero no todas las grietas ni todos los pasos son igual de cómodos para todo el mundo. Yo lo plantearía como una visita breve, sin forzar demasiado y evitando los rincones más estrechos si no lo ves claro.
Qué ver cerca para completar el día
Si después de visitar Las Grietas te apetece alargar el plan antes o después de visitar estos cañones, una buena opción es combinar la ruta con Caleta de Famara, sobre todo si te gusta el ambiente surfero o te apetece ver una zona muy distinta de la isla. Allí tenemos nuesto surf camp conocido en todo Lanzarote, ya sea para hacer surf o simplemente disfrutar del entorno. Otra alternativa son Los Charcones, si prefieres terminar el día junto al mar en un paisaje más salvaje y volcánico.
Sobre el autor

Maike Famara
Director de Surf Famara. Free surfer de los años 70, reconocido en las Canarias, habiendo surfeado los 5 continentes (toda la costa sudafricana, oeste de Australia, Indonesia, Perú, Chile, Puerto Rico, Panamá, Francia, Portugal, Senegal, Marruecos... Desde 1996 dedicándose a la enseñanza, formando nuevos surfers! Puedes encontrarlo en San Juan o La Santa, donde sigue conectado al mar como el primer día.








